Maria Pratts | Sad City

18.12.2016 >> 23.02.2017


 


L&B Gallery de Barcelona (Àlaba, 58) presenta la exposición Sad City de la artista barcelonesa Maria Pratts (1988). Coincidiendo con la III Edición del Open Night de Poblenou, que tendrá lugar el próximo viernes 16 de diciembre, la inauguración se prolongará hasta las 2:00h con la presencia de Dj’s de Club Marabú.
María pertenece a esa estirpe de artistas para los que el “qué” está por encima del “cómo”, para los que lo importante es tener algo que decir y buscar las maneras de decirlo.
David G. Torres
Sad City muestra los trabajos más recientes de Maria Pratts. La mayoría son piezas inéditas en las que, como refleja el título, la artista evidencia hábitos y estereotipos mediante una visión crítica de la realidad. Un discurso fuerte, estrepitoso e irónico que toma como principal escenario la calle. Su obra indaga en lo más incómodo y corrompido de la sociedad actual. A mí lo que me inspira es la calle, es bajar y ver cosas cojonudas, mucho mejores que dentro de los libros (Maria Pratts). Sin embargo, la obra mantiene un halo esperanzador y optimista mediante la espontaneidad de sus temáticas, los dibujos de estilo naïf o el uso de colores vivos. Se trata de un trabajo fresco y lúcido inspirado en el entorno puntual de la artista.
La intensidad de su trabajo surge de una pulsión con la contemporaneidad […]. Asumir el pulso de la contemporaneidad es también asumir el desbordamiento actual […]. La rabia o la furia que implica la inmediatez con la que se atacan los problemas; el no poder parar y que la cabeza vaya a mil por hora, asumir la prisa y la velocidad…Y algún intangible más que es el que hace que algunos artistas tengan capacidad de desbordar. Desbordar y ser desbordantes.
David G. Torres
Con Sad City Maria Pratts presenta la nueva serie homónima de pinturas de gran formato acompañadas de neones. Estos trabajos destacan por la narrativa irónica que caracteriza a la artista, pero esta vez con la ausencia de perfiles negros en sus personajes y figuras. También se pueden ver varias piezas de cerámica y neón, además de los vídeos que se incluyeron en la exitosa exposición colectiva Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo (CA2M, Artium y MACBA). La exposición se cierra con una instalación site specific donde prevalecen la hibridación de materiales y la intensidad del discurso.
* De 23:00 a 2:00h pincharán Love Detective, Kali The FINEST, DLB y Eterna (Club Marabú / Nova Era)

MARIA PRATTS (Barcelona, 1988)

Vive y trabaja en L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona.

Estudió en la Escola Massana y empezó diseño, aunque asegura que lo dejó porque no era nada humanista.

Entre sus exposiciones individuales se encuentran Time is Sick, Sade Gallery, Los Ángeles; Selfie Corner, Matadero Centro de Creación Contemporánea, Madrid; Your Style Is So So, Garros Roland Gallery, Essen, Alemania; El Refugi, MACBA, Barcelona; Nou Somni, Galeria La Puntual, Sant Cugat del Vallès, Barcelona; Linia Deliri, Ús Barcelona y Otromba, Budapest Gallery.
Su obra se ha presentado en las exposiciones colectivas Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo (MACBA, Barcelona; CA2M, Madrid y Artium Museum, Vitoria); Got It For Cheap (David Risley Gallery, Copenhague; Steinsland Berliner Gallery, Estocolmo y Agnes B, París); Seriot, Andén, Barcelona; A Tutiplén, Watdafac, Madrid; La Balada de Wendy Entre d’Autres, ADN Gallery, Barcelona; y Jornadas en el Sótano, Roser 99, Barcelona.


Maria Pratts: el món en descomposició
Constatamos cada día y por todos lados que el mundo se deshace. La descomposición del mundo no anuncia otro nuevo sino que nos hunde en un paisaje de desastre. Ese desastre que cada uno somos, esa indigencia que gestionamos, no halla techo ni toca fondo alguno. Nos suspende ante un impasse que no sabemos cómo atravesar. La catástrofe (natural, política, económica o social) ha dejado de ser una posibilidad exterior a nuestras vidas para hacerse constitutiva de nuestra percepción del mundo. Guardamos una relación casi rutinaria con ella. La excepción se confunde con la norma al tiempo que aumenta esa extraña vulnerabilidad de la que somos portadores. Que el mundo se descompone significa ante todo que no hay relato que valga, que la ruina que nos rodea no puede representarse, que la nulidad que somos no se deja escenificar. Y si tiene sentido dejar huella de algo hoy (si tiene sentido pensar, pintar o vivir, quién sabe), sólo puede ser bajo la premisa de esta serie de evidencias.
Durante mucho tiempo la tristeza se ha pensado como baja pasión. La tristeza habla de muchas cosas pero es sobre todo expresión de una impotencia, de una disminución de nuestras posibilidades de vida. En ese sentido la tristeza no se confunde con la pena por la pérdida de algo o alguien, tiene una amplitud mayor que la hace especialmente contemporánea. Al final, en el límite de la tristeza hay una vida que no merece ser vivida (¿no es eso una vida precaria?), y ese umbral es precisamente un espejo en el que no queremos vernos reflejados. Mejor dicho, es un umbral en el que no deberíamos vernos jamás reflejados pero, ¿qué puede el deber ante la fuerza de los hechos? Si la tristeza es simplemente la tonalidad afectiva que acompaña este mundo en descomposición su actualidad se nos hace patente en toda su violencia. Cuando la violencia tiene como objeto la persistencia de esa tristeza, cuando la organiza y la protege, adquiere entonces un rostro siniestro. El rostro siniestro de un policía, pero también de un político, de un empresario…(Todos esos rostros que son también el nuestro).
La imagen de la descomposición o de la tristeza no son recursos retóricos sino que expresan un problema central que anuda vida y política y que puede resumirse del siguiente modo: lo que es políticamente factible no cambia nada y las acciones que podrían conseguir hacer cambios verdaderos son políticamente impensables (López Petit). “No hay nada que hacer”, se oye como un mantra que dice la verdad de nuestra época. No queremos, sin embargo, contemplar el mundo desde una desesperación estética. Pensar hoy, igual que pintar, implica exponerse y en la medida en que lo hace establece una relación con el peligro. La palabra, como un trazo, comienza con un balbuceo, siempre singular, que puede convertirse en un afecto común. En el delirio, y en el más completo anonimato, son esos afectos que nos son comunes los componen cierta idea de la vida queremos nuestra. ¿No es preferible, acaso, la extraña potencia de un encuentro a la pena de un mundo arruinado, o una realidad despreciable?
(Y, ¿cuáles son las implicaciones políticas que tienen todas estas afirmaciones?)
Ekhi Lopetegui

 

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